Arraigo


Arraigar: Echar o criar raíces. Establecerse de manera permanente en un lugar, vinculándose a personas y cosas.

Echar raíces: Fijarse, establecerse en un lugar. Dicho especialmente de una pasión: afirmarse o arraigarse.

Raigambre: Conjunto de antecedentes, intereses, hábitos o afectos que hacen firme y estable algo o que ligan a alguien a un sitio.

Las que ves son las definiciones que ofrece el Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española. Echar raíces, arraigarse o raigambre son palabras que tienen entre sus acepciones la de vincularse a lugares o personas. En la base están fuertes emociones de pertenencia.

A nivel personal, siempre he creído que era una ciudadana del mundo (por estúpido que pueda sonar) sin más pretensiones, una persona errante a la que le gusta viajar, alguien que no sentía especial arraigo por ningún lugar en concreto, porque me encanta vivir en sitios y ciudades diferentes, porque me vuelve loca la posibilidad de recorrer el mundo y conocer otras gentes y culturas. Y aunque tengo un hogar en un sitio concreto, no me importaría coger mañana mismo un vuelo e ir a recorrer otros parajes. Viajar es una aventura increíble.

Sin embargo, por algún motivo que desconozco, en la última visita a Salamanca, mi ciudad natal, he sentido un sentimiento de raigambre tan fuerte que incluso me emocionaba por momentos. Pasear por sus calles que son auténticos hervideros de vida, empaparme del ambiente de una ciudad tan alegre y recorrer los mismos caminos que seguía, por ejemplo, cuando estudiaba en la universidad. Todo sensaciones aparentemente inofensivas pero que ponían en alerta cada una de mis terminaciones nerviosas dispuestas a hacerme consciente de lo que estaba sintiendo en cada momento. Supongo que la nostalgia te invade cuando menos te lo esperas, se te cuela debajo de la piel y navega por tu torrente sanguíneo hasta recorrer el último milímetro de tu ser.

Además, la pandemia hace que, por una parte, tengamos la sensibilidad a flor de piel y, por otra, tengamos que pasar por experiencias un tanto diferentes. En mi caso, desde que todo esto empezó, duermo en hoteles de la ciudad, lo que no deja de ser una sensación extraña, como si fueras una invitada en tu propio hogar, una turista más. No cabe duda que mi ciudad (sí, mía, porque pertenezco a allí en el sentido que estamos hablando en esta entrada, a pesar de que antes nunca lo hubiera dicho así y a pesar también de que probablemente ya no volveré a vivir allí porque la vida me ha conducido por otros caminos) es una localidad preciosa, con un encanto como tienen pocas, emanando cultura por cada rincón.

Me he dado cuenta de que me engañaba a mí misma, porque lo queramos o no, somos seres emocionales que se vinculan a lugares y personas que confoman nuestra historia y nos definen como seres humanos únicos e irrepetibles.

¿Y tú? ¿Sientes arraigo por algún lugar?

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