EODLD – Capítulo 9 -Parte 2 Fantasmas


Era fundamental empezar a conocer sus rutinas: a qué hora salían por las mañanas, qué coche llevaba cada uno, si sus horarios eran estables o dependían de otras circunstancias. Estaba convencido, además, que no le sería difícil entablar conversación con alguien de sus respectivos trabajos. A pesar del odio visceral que sentía por la gente en general, tenía unas habilidades sociales excelentes, algo que no le dejaba de sorprender. Si supieran de su sociopatía estaba seguro de que ninguno se atrevería ni siquiera a acercarse a él. 

Tal vez su aspecto físico actual no era tan espléndido ni le ayudara tanto como en el pasado, aunque había comprobado que le seguía siendo útil. Aún así, era evidente que, por más que se maquillaba para disimular las feas cicatrices que tenía en la cara, no acababan de quedar bien.  Quizás el problema era que él era demasiado perfeccionista, porque lo cierto era que no había observado aún ningún gesto de repulsa en los pocos días que ya había empezado a salir con más asiduidad. Eso le había renovado la confianza en sí mismo y esperaba estar en caza activa en muy poco tiempo.

Mientras tanto y dejando al margen aquellos apetitos, decidió que empezaría siguiendo a la mujer y estudiando todos sus hábitos y rutinas. La decisión no había sido arbitraria en absoluto. En primer lugar, tenía un vínculo estrecho con alguien que para él era importante y, además, le parecía la más vulnerable de los dos. Por otra parte, por lo poco que había podido observar hasta el momento, era la que siempre se encargaba de llevar e ir a recoger a los niños tanto al colegio como a otras actividades, aunque aún no tenía certeza de ello. Necesitaría muchas horas de vigilancia para conocer todos los movimientos de la familia a fondo. 

Si sus sospechas eran ciertas, tendría una posibilidad extraordinaria de infundir terror. Nada atemoriza más a una madre que pensar que sus hijos están en peligro. Si encima se siente responsable en alguna medida, entonces podría desestabilizarla con tanta facilidad que un leve soplido la tumbaría en el suelo. Antes o después tendría que pedir ayuda y allí estaría él, preparado para su siguiente movimiento. 

Por otra parte, era fundamental empezar a familiarizarse con la vivienda, conocer las posibles medidas de seguridad que tenía y encontrar los puntos débiles que le permitiesen el acceso a su interior. No parecía tan fácil como la última vez que tuvo que hacerlo porque, en este caso, la familia sí parecía preocuparse por la seguridad. Aún así, no creía que se le resistiera. Siempre que se había propuesto algo, lo había conseguido por difícil que pareciera. 

Con una única excepción. 

Y esa excepción le parecía intolerable.


CONTINUARÁ…

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