Momento de reflexionar


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Hay momentos en los que simplemente necesitas parar y reflexionar. De pronto, te das cuenta de que te has dejado llevar, envuelta por una vorágine en la que no te sientes confortable. Porque es incuestionable que, si no dedicamos un tiempo de forma recurrente a pensar en lo que estamos haciendo, puede que llegue el momento en el que no nos reconozcamos en las acciones que protagonizamos.

Sé que lo que estoy diciendo parece un galimatías, pero nada más allá. Vivimos rodeados por múltiples influencias. Las redes sociales son un ejemplo claro. A través de ellas se difunden mensajes que no siempre son fiables y, además, pocas veces están contrastados. Pero, además, en dichas redes, a veces hay como trenes de acción, corrientes o modas que empiezas a seguir sin apenas plantearte las repercusiones. Y, pensándolo bien, tiene todo el sentido que se llamen redes porque te enmarañan y enredan sin que apenas te des cuenta.

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Seguro que como la mayoría, suelo tratar de mantenerme fiel a mis valores e ideas, lo que no significa que sea inflexible. Escucho y observo con atención para saber qué me conviene y que está bien y que no. Sin embargo, en Instagram me he dejado llevar por corrientes que no van con quién soy o cómo soy en un hecho concreto. He cedido a la tentación de hacer lo que se entiende como colaboraciones, lo que en realidad no es otra cosa que regalar tus libros a bookstagrammers para que los reseñen y pongan el oportuno post en su perfil. En muchas páginas web y blogs sobre escritura y cómo promocionar tu libro, he visto como lo recomendaban. Después de un tiempo y de pararme a pensar, creo que es un tremendo error.

Tenemos que valorar nuestro trabajo, la ilusión que ponemos en lo que hacemos y el esfuerzo que implica. Yo escribo porque me gusta y no me supone ningún sacrificio sino todo lo contrario. Pero de ahí a regalar mi trabajo hay una diferencia considerable. Desde que me he plantado y he decidido que ya no lo voy a hacer más, me siento liberada. Me da igual si se lee mucho o poco mi libro, si obtiene muchas o pocas reseñas. Voy a creer en mí y en lo que hago, voy a darle el valor que merece y, si acaba sumergido en las profundidades del anonimato, al menos tendré la conciencia tranquila por haber hecho aquello de lo que verdaderamente estaba convencida. Me niego a seguir contribuyendo al postrero de otros y a alimentar cuentas de instagram.

A partir de ahora, cuando regale mis libros será sólo y exclusivamente porque lo hago de corazón (como he hecho en incontables ocasiones), no para que alguien se sienta obligado a reseñarlo. ¿Os imagináis a escritores como Delibes, Ken Follet o Stephen King (por poner algún ejemplo) regalando sus libros a cambio de reseñas? Yo desde luego no.

Pues eso.

¿Y tú qué opinas?

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