Días de verano


Adoro esos día de verano en los que el tiempo parece darse un respiro y decide que es momento de parar, de romper con la rutina y casi nos obliga a detenernos y contemplar lo que la magia de la naturaleza está dispuesta a ofrecernos. Estos días nublados, en los que la temperatura se desploma de repente y amenazan con lluvia, el ambiente se relaja de una manera pura.

Cuando, además, tienes la suerte de disfrutar de alguno de esos días junto al mar, las imágenes que captan tus retinas, tal y como puedes ver en las fotos, parecen de otro momento del año, con playas desiertas, con un mar enfurecido y rabioso.

Me encanta, además, el hecho de que te obligan a romper con la rutina porque, lo creamos o no, cuando estamos de vacaciones también nos acabamos sometiendo a esquemas casi fijos que reproducimos un día tras otro. Nos levantamos, vamos a la playa, a la piscina, comemos (ya sea fuera o en casa), un rato de siesta y vuelta a la playa o la piscina antes de volver a al apartamento o al hotel a ducharnos para salir a dar una vuelta antes de cenar. ¿Os cuadra más o menos con lo que hacéis cuando vais a la playa a pasar unos días? Estoy convencida de que, con poca variación, muchos de vosotros reproducís lo que acabo de mencionar o algo parecido.

Los días nublados y frescos nos rompen los esquemas y eso me encanta, porque tenemos que buscar un plan B y porque, además, salimos de la vorágine de playas y piscinas llenas a rebosar cuando el calor sofocante nos reclama que vayamos a darnos un chapuzón en el agua más cercana. Me encanta observar como cambia el mar, sus colores tan diferentes a los de los días soleados, colores que parecen reflejar un estado de ánimo, con aguas turbias y tonos azules más oscuros de lo habitual. Estos días te ayudan a reflexionar, a valorar lo que tienes, a considerar la suerte que tenemos de poder estar en un lugar maravilloso junto al mar y disfrutar del rumor de sus olas y del compás de la marea cuando llega a la arena y deja ese bello rastro de espuma.

Me apena cuando escuchas a alguien decir que, en jornadas así de lluvia y nubes, hace un día horrible porque esa persona no parece dispuesta a disfrutar y se va a perder un montón de cosas. Además, en absoluto creo que sean días horribles, sino todo lo contrario. Es un día más que amanece, salga o no el sol, pero es un día de tu vida que cuenta como los demás y que te ofrece infinitas oportunidades para ser feliz. Recréate la vista, graba en tu memoria el baile de las olas salvajes, porque cuando ya no estés aquí, sin duda lo echarás de menos. Hasta los días sin sol.

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