
Vivimos en tiempos inciertos. Cada día, amanecemos con noticias que parecen diseñadas para crear una incertidumbre en nosotros. Catástrofes naturales, alertas por mal tiempo, política, problemas de salud pública, noticias internacionales… Da la impresión de que vivimos un momento de gran agitación. A veces, incluso, tengo la sensación de que hasta 2019 vivimos en una moderada tranquilidad, con sus momentos vertiginosos como no podía ser de otra manera, pero con cierta estabilidad que no valoramos lo suficiente en aquellos instantes.
Por si esto fuera poco, asistimos a un evento sin precedentes en el que la tecnología y la Inteligencia Artificial no dan tregua y te exigen estar al minuto, no al día, porque si te despistas un segundo, te quedas atrás. Al margen de eso pero, al mismo tiempo, asociado a ello, somos protagonistas de un momento social de cambios acelerados que nos atropellan sin pedir perdón. Estamos más expuestos que nunca, formando parte de ese escaparate que son las redes sociales y en el que todos, en un momento u otro, asomamos la nariz para husmear un poco.
Somos más irascibles, más impacientes que nunca, y eso se demuestra en cosas que parecen tan insignificantes como un minuto de silencio, que ya no es un minuto y tampoco es de silencio, porque se acompaña de música para evitarnos esa incomodidad que parece que nos supone la ausencia de sonido. Tal vez sea el miedo a escuchar lo que pensamos y lo que sentimos. Porque parar asusta. Pararse trae asociada la posibilidad de ser atropellado por una realidad cambiante que no te permite pensar.

Cada uno lo afrontamos de una manera diferente, en función de nuestros recursos personales y de las estrategias que tengamos, pero estoy convencida que todos en algún momento nos vemos sobrepasados porque intuimos que estamos perdiendo, en cierto sentido, el control de nuestras vidas.
A veces pienso que mis abuelos y mis padres seguramente también se enfrentarían a esa incertidumbre que trae cada nuevo día y cada nuevo año. Sin embargo, sin desmerecerlos porque forman parte de una generación e valientes que demostraron una fortaleza inmensa, creo que, dentro de ese amanecer incierto de cada mañana, podían agarrarse a certezas que no cambiaban con tanta facilidad. Tenían valores muy claros, bien definidos, que ahora se diluyen como el azúcar en el café.
Hoy me ha dado por pararme a pensar, porque creo que es necesario, porque cada vez damos más credibilidad a lo que nos dice la IA sin contrastarlo, porque nos creemos a pies juntillas lo que se dice en las redes sociales y porque, sumando todo esto y mucho más, somos más manipulables que nunca.
Soy consciente de que no podemos volver atrás ni vivir de espaldas a la realidad. Además, aunque cueste creerlo, soy de las que piensa que el cambio es bueno y necesario por infinitos motivos. Pero el cambio sin reflexión, puede resultar peligroso.

Deja un comentario