INTERCONECTADOS 2


Capítulo 2

INTERCONECTADOS

Cuando terminó de rellenar los datos del perfil era incapaz de reconocer a la persona que se describía en su pantalla. No había dudas de que aquella era una mujer segura de sí misma, con un trabajo apasionante y una vida plena. Seguro que había viajado mucho y habría vivido experiencias indescriptibles. No obstante, si todo eso fuera verdad, ¿por qué iba a estar en esa página de citas buscando estar interconectada? No podía saberlo, pues no era como ella. Tal vez, simplemente por puro espíritu aventurero. ¿A quién le importa eso? Se convenció a sí misma de que cualquiera puede acceder a webs de ese tipo, no tenían por qué ser únicamente fracasados como ella. Ahora sólo le restaba encontrar una foto que pudiera encajar con aquella descripción. Tendría que navegar por internet para encontrar alguna que le convenciera. ¿Sería eso un delito? Es decir, ¿poner la foto de otro en tu perfil sería suplantación de identidad o algo similar? Supuso que no. Además, tampoco iba a hacerle daño a nadie y mucha gente ponía fotos de famosos, por ejemplo, en sus avatares del WhatsApp, en Twitter o en su muro de Facebook. Esto le dio una nueva idea. Abriría cuentas en otras redes sociales. La maraña de internet la protegería y la ayudaría a encontrar el calor humano que en su vida diaria le resultaba tan esquivo. Paso a paso. Primero, la web de citas. Le demostraría a Luisa que ella también podía encontrar pareja. ¡Estaba tan furiosa con ella! Debía enseñarle que no la necesitaba en absoluto.

Así que, embravecida con una nueva identidad, se lanzó a visitar la página de diferentes hombres, especialmente la de aquellos que parecían más inaccesibles. Les dejó todo tipo de mensajes picantes y atrevidos. ¿Y por qué no? Era el momento de liberar todo tipo de pensamientos y sentimientos ocultos, aquellos que desde la más tierna infancia te enseñan a arrinconar en el lugar más recóndito de tu yo consciente porque, según te dicen, son impuros y, por lo tanto, son pecado. Por otra parte, la ocultaba una máscara infranqueable de mentiras. Podía decir todo aquello que se le antojase sin tapujos. Era el momento de liberar su yo reprimido. 

¡Qué emocionante! Había hombres de todo tipo. Le pareció que era como salir de compras. Miras, miras y, cuando te gusta algo, te lo pruebas y te lo compras. Pero ahora, además, no tenía que mirar los precios porque, con su nuevo yo, podía comprar cualquiera que le gustase. No se dio cuenta de que, sin apercibirse apenas de ello, estaba disfrazando su mente de una peligrosa falsa seguridad en sí misma. Y al día siguiente tendría que volver al trabajo con su antiguo yo a cuestas.

Esperó unos minutos a que alguno contestara. ¿Cómo era posible que ninguno respondiera? Era imposible que alguien rechazara a una mujer como aquella. Empezó a impacientarse. No estaba dispuesta a sentir un rechazo virtual, ya tenía bastante de aquello en su vida real. Abrió sus nuevas cuentas de Facebook, de Twitter, de Instagram… Todo lo que se le ocurría. ¿Con qué tipo de personas le gustaría contactar? En cualquier caso, con ninguna de su entorno personal o laboral, puesto que podrían descubrirla y la vergüenza que eso le provocaría sería insoportable para ella. Literalmente, no podría volver a su puesto de trabajo. 

Más rápido de lo que sucedió con la web de citas, empezó a tener seguidores en Twitter y amigos en Facebook. ¿Qué sencillo parece todo en internet? Antes de que siquiera seas consciente de ello, tienes un montón de amigos de esos que van a estar ahí para siempre. Sintió cómo le subía la adrenalina. Las redes sociales son un mundo fascinante. Una vez que te enmarañas en su red, ya no puedes escapar. Te vuelves adicta a ese mundo de aceptación y condescendencia. Ojalá pudiera vivir eternamente conectada a él. La vida real, en cambio… Eso era harina de otro costal. Cuántas decepciones había sufrido a lo largo de su vida. Y cuántas humillaciones desde que era tan solo una niña. A veces, había sentido que la lástima que inspiraba a los demás la hería incluso más que la humillación infligida por otros. Pero eso se había acabado. Ya no tenía que soportarlo más. Ahora la realidad virtual estaba de su parte y le abría sus brazos de par en par.

CONTINUARÁ…

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Gracias por tus minutos de lectura

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